¿Pero qué pasa con los coches?

3 mar

No me gusta tener que inaugurar este blog con este tipo de noticias, me gustan mucho más otro tipo de ellas como la de que este pasado mes de febrero han subido las ventas y que, al menos aparentemente, el sector del automóvil sigue salvando los muebles.

Pero es que tras el escandalazo de Toyota, que tuvo que mandar a revisión a ocho de sus modelos del mercado europeo por un problema con el pedal del acelerador y anunció también otra llamada de revisión por un problema con el ABS de la tercera generación del Prius, en esta ocasión le ha tocado el turno a Nissan, que va a mandar a revisión a casi 600.000 vehículos, entre monovolúmenes y pick-up, “la mayoría en Estados Unidos”, para reparar defectos en el pedal del freno y el indicador del depósito de combustible.

Desgraciadamente, ni es el primero de los casos en los que esto ocurre (ni parece que sea el último) porque General Motors, que además de tener que sobrellevar los sobresaltos económicos de su frustrada venta de activos del grupo está acarreándoles los últimos años, también acaba de informar que ha llamado a la revisión urgente de nada menos que 1,3 millones de unidades de sus coches, en este caso compactos, de su mercado norteamericano.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué se dan fallos de este calibre en una era tan sumamente tecnológica, con unas cadenas de producción desarrolladas hasta el máximo con la implementación de las más últimas tecnologías en diseño? No se puede explicar que con los mayores estándares de calidad que se recuerdan puedan ocurrir defectos tan graves como los que nos ocupan (y muchos de los que seguramente jamás nos enteremos) que hacen que marcas como Toyota, una de las marcas con mayor reputación en lo que a calidad se refiere, se haya visto obligada recientemente y por boca de su presidente Akio Toyoda a dar explicaciones y pedir disculpas en el Congreso norteamericano dada la gravedad de las averías detectadas.

Esperemos que esta cadena de errores graves y sus no menos graves consecuencias sean el aldabonazo definitivo para que esta situación se corrija y la carrera por ser la marca que más modelos tenga en el mercado, un mercado cada vez más competitivo y en el que la mecánica cada vez es menos importante que la tecnología, se frene. De tal manera que exista más rigor y menos prisas en lanzar modelos al mercado, de modo que cuando estos modelos se lancen, se hayan realizado las máximas comprobaciones posibles y se detecten estos errores antes de que los coches estén en manos del gran público.

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