Recientemente he podido descubrir de la mano de ADAC, el equivalente alemán al RACC español, de una manera gráfica y muy clarificadora la importancia de montar dispositivos de seguridad pasiva, en especial el Control de Estabilidad (ESP).

Se trata de un test de esquiva, también conocido como «prueba del alce», en un circuito cerrado en el que podemos apreciar cómo tres furgonetas de similar potencia y dimensiones (Fiat Cubo, Citroën Nemo y Peugeot Bipper) solventan de manera muy dispar sus tests merced a la presencia o no de ESP en los respectivos vehículos.

Así pues, el primero en llevar a cabo la prueba es el Fiat Cubo, equipado con ESP de serie, que afronta y resuelve sin problemas la sucesión de conos en el asfalto a una velocidad de 90 Kms/h. Sin embargo, cuando el Citroën Nemo -que no monta el Control de Estabilidad- es el que inicia su prueba vuelca espectacularmente nada más iniciar las maniobras de giro, prácticamente a las primeras de cambio (y eso que rueda a 80 Kms/h), motivo por el cual ni siquiera se plantearon repetir la prueba con el Peugeot Bipper, dado que tampoco montaba de serie el dispositivo.

La conclusión es bien sencilla. La existencia de ESP ha sido determinante para evitar el vuelco del coche en el primer caso. Por ese motivo y, dada su más que probada eficacia, ADAC concluyó que debería ser obligatoria su incorporación de serie en todos los vehículos.

Asimismo desde ADAC recomiendan a los futuros compradores que, siendo como es  hoy por hoy un extra bastante caro para algunos vehículos, llegada la hora de rascarse el bolsillo y elegir la instalación de algún extra para el coche sería deseable elegir instalar el ESP por encima de otros extras seguramente más aparentes pero sin duda menos beneficiosos para la seguridad del vehículo.

Para acabar diré que lo evidente de los resultados de esta prueba fue tan revelador que tanto Peugeot como Citroën se vio obligada a incluir de serie el ESP en sus gamas Bipper y Nemo a partir de entonces.