Si digo que entra, entra


Muchas veces nos achacan a los hombres que somos especialmente cabezotas al volante y que cuando nos obcecamos con algo no hay quien nos baje del burro, sobre todo si de preguntar cuando nos desorientamos o cuando de aparcar se trata.

En este caso concreto, el vídeo que nos ocupa es la muestra más palmaria de hasta dónde puede llegar la cabezonería masculina o simplemente la desesperación de no encontrar más aparcamiento que un pequeño hueco y tenemos un coche que, aparentemente, no va a caber…

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