El garaje de Bernie Ecclestone


Había una película de Michael Douglas de hace unos años en la que encarnaba a un rico empresario al que tenían que hacerle un regalo especial el día de su cumpleaños. En esa película el lema era “¿Qué regalarle a alguien que lo tiene todo?”

Pues bien, eso mismo se habrán tenido que preguntar, hoy 28 de octubre, los amigos y familiares de Bernie Ecclestone, el hombre más poderoso del mundo de la Fórmula 1 y verdadero factótum del Gran Circo, en el día de su 80º cumpleaños.

Sin embargo la respuesta es bien sencilla. La verdadera y casi único debilidad que se le conoce públicamente es el coleccionismo de coches, de todo tipo y condición, hasta el punto que ni el propio Ecclestone sabe el número exacto de vehículos que la integran. Y eso que subastó en 2007 parte de su colección (por la que obtuvo más de 25 millones de euros, por cierto)…

En su museo particular hay infinidad de coches, de todas las épocas y categorías. Así, es posible encontrar desde un Lancia de la herencia de Benito Mussolini hasta un Mercedes 540 de 1937, cuyo valor de mercado está estimado en casi cinco millones de euros.

Sin embargo, las verdaderas piezas distintivas de la colección son un incontable número de coches de Fórmula 1 de distintas épocas, destacando sobremanera la ingente colección de Ferrari y sobre todo de Brabham, escudería de la que él fue director entre los años 70 y 80. De todos ellos, el más importante es un flamante Brabham-Alfa BT46B del año 1978.

Dicho monoplaza posee una historia muy peculiar. Conocido como “El Coche Ventilador” (The Fan Car), fue llamado así porque generaba un inmenso nivel de carga aerodinámica a través de un ventilador que extraía el aire de debajo del coche. La primera (y única) carrera en la que tomó parte, el GP de Suecia, resultó vencedor, con Niki Lauda al volante. Sin embargo, fue declarado ilegal de inmediato por lo que nunca más pudo volver a correr, al menos con esa configuración.

Por lo demás, se sabe que el super garaje donde Ecclestone mantiene a buen recaudo estas joyas rodantes está situado en el aeródromo privado de Biggin Hill, en las afueras del sur de Londres y cuentan que los coches de carreras se apilan en los estantes en el enorme hangar. Asimismo, cuentan que sólo unos pocos afortunados han podido disfrutar en directo de semejante “museo” y que hasta los empleados del propio aeródromo tienen negado el acceso.

Fotos: Auto Motor und Sport

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