Pues sí, amigos. En esta vida hay trabajos de todo tipo y éste no es de los mejores, por más que perseguir aviones a más de 200 kms/h a bordo de un Pontiac o un Corvette por una pista de aterrizaje pueda parecer divertido.

El trabajo de estos militares de la USAF consiste en servir de ayuda en el momento del aterrizaje a los aviones espía U-2, conocidos también como “Dragon Lady”.

Los vídeos que os traemos hoy precisamente están grabados desde el interior de sendos Pontiac y Corvette del ejército americano, en los que podremos ver la complejidad del momento del aterrizaje y lo vital que resulta la colaboración de estas personas a la hora de tomar tierra sin problemas.

Este avión, desarrollado por Lockheed en la década de los años 50, fue creado con el fin de poder volar a gran altitud y situarse así fuera del alcance del fuego antiaéreo enemigo y así poder fotografiar sus objetivos.

Capaz de alcanzar una altitud de 70.000 pies (más de 21.000 metros de altura), lo que equivale a volar prácticamente en el límite entre la atmósfera y el espacio exterior, este avión monomotor tuvo que ser diseñado con una gran cantidad de compromisos de peso y unas configuraciones muy determinadas para la ausencia casi total de oxígeno, lo que afecta gravemente a las condiciones aerodinámicas del aparato.

Así pues, uno de los principales hándicaps que sufre el U-2 está en unas alas más propias de un planeador y un sistema de mandos de vuelo no asistidos (que lo hacen incontrolable con el más mínimo viento), así como un sencillo y delicado tren de aterrizaje doble en el eje longitudinal para reducir peso y complejidad (en esas alas no caben bahías para un tren en condiciones).

Si le unimos la falta de visibilidad casi total del piloto, embutido en un traje y casco presurizados, las condiciones de vuelo de este avión son de una peligrosidad absoluta. No en vano, el U-2 ha sido catalogado por los propios pilotos como el avión más difícil de aterrizar de la historia y, en general, uno de los más peligrosos de volar.

Con una autonomía de vuelo de más de 10 horas que hace que sus misiones resulten eternas, aterrizar “de oído” un avión especialmente frágil y con una envergadura de más de 30 metros es una pesadilla, ya que las posibilidades de tocar con un plano el suelo y acabar haciendo un trompo o algo peor son muy reales. Y eso aún sin viento…

De hecho es tan difícil hasta tal punto que, hartos de sufrir incidentes y accidentes, se decidió que dos coches con sendos pilotos de U-2 a bordo se lanzaran a la pista en su persecución y le fuesen cantando por radio continuamente al piloto del avión la distancia entre el suelo, el tren y las puntas de plano.

Fuente: Forocoches