El Gobierno recula y vuelve a imponer los 120 kms/h como límite máximo en autopistas y autovías


Toda vez que se ha visto como una patochada absolutamente ineficaz y escasamente ahorradora, salvo para las arcas del Estado, el Gobierno ha decidido dar marcha atrás y volver a imponer el antiguo límite de 120 kms/h para autopistas y autovías.

Así pues, aquella medida absolutamente demagógica y sin precedentes en Europa, adoptada el pasado mes de febrero y en vigor desde marzo, consistente en bajar a 110 kms/h el límite máximo de velocidad, va a ser derogada en breve.

Con la justificación de hacer frente al crecimiento del precio del crudo que se estaba produciendo en los mercados mundiales,  como consecuencia sobre todo de las revueltas producidas por entonces en el mundo árabe, el Ministerio del Interior y su titular, Alfredo Pérez-Rubalcaba, adoptaron aquella polémica decisión. Amparándose en una serie de cifras de ahorro, para las que ni siquiera los miembros del Gabinete Ministerial -especialmente Industria y Economía-  lograban ponerse de acuerdo, nuestras carreteras cambiaban de límite de velocidad de forma sorprendente y, en absoluto, barata.  No en vano el reemplazo de las placas por otras con el  nuevo límite se estimó entre 250 y 300.000 euros.

Pues bien, aquella medida, tildada entre otros calificativos como “disparate” por la oposición y por distintos colectivos de conductores y profesionales, no ha tenido mucho más recorrido y ya tiene fecha de caducidad. El mismo Gobierno que a bombo y platillo presentó aquella iniciativa como revolucionaria acaba de decidir su punto final.

Amparándose en una bajada en los precios del combustible (por cierto, no reflejados en nuestros bolsillos, con el gas-oil y la gasolina registrando aún récords históricos en cuanto a precios) , el  propio Ministro del Interior comunicó el viernes, en la tradicional rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la decisión del Ejecutivo de dar por finalizada esta restricción con fecha 1 de julio próximo.

Detrás han quedado un sinfín de polémicas, gastos innecesarios, una medida que pese a los anuncios del gobierno, se ha demostrado ineficaz e ineficiente pues en modo alguno se han logrado esos ambiciosos objetivos de ahorro pretendidos por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, estimados entonces en un ahorro del 15% en gasolina y del 11% en cuanto al gas-oil.

Curiosamente, en lo que sí ha salido reforzado el Ejecutivo ha sido en la recaudación en multas, sobre todo semanas después de la entrada en vigor de la medida, una vez superado el llamado “efecto 110”. En este sentido la DGT ha hecho públicas recientemente unas cifras ciertamente elocuentes al respecto. Desde mayo de 2011 las sanciones por exceso de velocidad, el número de sanciones impuestas por este motivo se había incrementado más de un 8% con respecto al mismo mes del año pasado, pese a que durante los dos primeros meses posteriores a la puesta en funcionamiento de la polémica decisión, las sanciones habían caído casi a la mitad.

Por último, decir que varias asociaciones de conductores ya se han apresurado a criticar que ahora se decida la retirada, argumentando que si, como ha venido defendiendo el Gobierno, el descenso de la velocidad era tan beneficioso para todos, no se comprende entonces la derogación de la medida.  También se critica que si se ha bajado por una bajada del crudo, ¿se volverá a reducir el límite si el petróleo -como se prevé- vuelva a subir en un futuro más o menos proximo? ¿Cuántas veces habrá que estar subiendo y bajando los límites de velocidad en aras de un presunto ahorro tan difícil de cuantificar?

De la misma forma, no han tardado las críticas en cuanto al enorme sobrecoste que va a suponer para las arcas públicas la retirada en sí tanto de las placas como de las pegatinas que se pusieron para cubrir las antiguas placas, valorándose en algo menos de 600.000 euros lo que costará devolver las señales a su antiguo estado.

El por qué está en que los fabricantes de señales viarias aseguran que la vuelta al antiguo límite, en línea con el resto de los países europeos, no terminaría con despegar la pegatina del «1» que se colocó encima del «2» hace cuatro meses para hacer visible en la carretera a los conductores el nuevo límite. El problema radica en que esa pegatina ya no se puede quitar por que no se trata de un simple vinilo como el que podría pegarse en un cristal, sino que se encuentra en un entorno agresivo y hay que asegurarse de que no se cae, por lo que se emplearon adhesivos de máxima fuerza que hacen ahora casi inviable su retirada con facilidad.

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