La deportividad de Guilherme Spinelli o cuando el Dakar representa mucho más que una carrera


Después de casi 40 ediciones de la que dicen es la prueba automovilística más dura del mundo, resulta absurdo hablar a estas alturas del espíritu aventurero y de la leyenda del Dakar, tanto en sus años por tierras africanas como por tierras sudamericanas. Son múltiples -y  muchas de ellas emotivas- las historias de compañerismo, lealtad inquebrantable y solidaridad entre los distintos rivales, especialmente entre aquellos cuyo único fin es acabar la prueba y superar la dureza de su recorrido, con independencia de la posición final.

Una solidaridad y una proximidad entre los participantes que lleva a sentir las muertes en carrera  como algo más que eso y duelen como si de familiares cercanos se tratase. Una carrera en la que no es extraño ver cómo muchos pilotos son capaces de renunciar a ganar una posición o adelantar a un rival por ayudarle si éste se ve en apuros.

Pero lo que nunca habíamos visto era una historia de deportividad, honestidad y fair play como la que ha protagonizado el piloto brasileño Guilherme Spinelli, que  participaba en la carrera austral en la categoría de coches a bordo de un Mitsubishi del equipo Racing Lacer.

El brasileño -noveno en la edición de 2011 y favorito para estar entre los cinco primeros este año- , tuvo un arranque de honestidad difícilmente imaginable en este mundo de la alta competición, renunciando por carta a tomar la salida en la etapa de ayer del Dakar porque, como el propio piloto indicó, “no podía aceptar terminar el Dakar habiendo hecho trampas”.

Resulta que durante la anterior etapa, Spinelli sufrió una rotura del alternador y por lo visto, fue ayudado a repararla por espectadores y seguidores de la prueba, lo que está considerado como una “ayuda ilegal”. Nadie se había percatado de ello y, de hecho, estaba prevista su salida con total normalidad en la etapa del día. Sin embargo, el piloto carioca, hecho un mar de lágrimas, tomó la decisión de abandonar motu proprio la carrera y no tomar la salida.

Una decisión que le honra no sólo como deportista sino como compañero de un nutrido grupo de “sufridores”, a los que consideraba haber engañado aceptando esa ayuda, engrandeciendo aún más la leyenda y el espíritu aventurero y altruista de esta prueba, tal y como la concibió en su día su fundador, el francés Thierry Sabine, allá por 1979.

Guilherme Spinelli, todo un ejemplo de honestidad y deportividad en el mundo del deporte

De todos los testimonios de apoyo y, por qué no, de gratitud mostrados por compañeros, organización y prensa en general, el que más nos ha llamado la atención ha sido el de Josep Besoli,  presidente del colegio de oficiales en la categoría de coches, que confesó tener la “piel de gallina” por lo ocurrido y, tras deshacerse en elogios hacia el gesto de Spinelli, afirmó que “nunca había visto un caso así en 36 años ¡Es el caso inverso al de todas las situaciones que veo a diario! Francamente, si el año que viene pudiéramos invitarlo a participar en la prueba, sería fantástico porque representa la esencia del deporte y el espíritu del Dakar. Debería servir de ejemplo para el resto de corredores”.

Sin duda, una nueva muestra de que el Dakar es algo -bastante- más que una simple carrera por el desierto…

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