El Gobierno prepara un nuevo impuesto para los motores diésel y un aumento de los impuestos sobre el carburante


Malas, por no decir pésimas, son las noticias que nos llegan desde Bruselas. El Gobierno español presidido por Mariano Rajoy ha vuelto desde la capital europea con un recorte en la previsión de déficit para los próximos Presupuestos Generales del Estado de medio punto porcentual. Desde el 5,8% de endeudamiento sobre el PIB, que preveía adoptar el ejecutivo de Rajoy, la Comisión Europea ha decidido que el tope de deuda asumible por nuestro Gobierno para este año deberá ser del 5,3%.

¿Qué ocurre con esto? Pues muy sencillo. Que el ejecutivo español, ya de por sí atenazado con los recortes previstos para adecuar la bajada del déficit del 8,5%  actual (dejado en herencia por el anterior ejecutivo socialista) hasta el 5,8% previsto inicialmente, habría que añadir ahora, al menos, otros 5.000 millones de euros más a recortar, debido a esa reducción en medio punto porcentual de la previsión de déficit que nos ha impuesto Bruselas.

Por tanto, y dado que el Gobierno actualmente ya no tiene prácticamente margen para el recorte, todo apunta a que, finalmente, el ejecutivo de Rajoy no tendrá más remedio que volver a meternos la mano en la cartera mediante la subida de algunos impuestos, ya de por sí altísimos como es el Impuesto sobre Hidrocarburos (que supone ya casi el 50% del importe del litro de carburante).

Pero además la prensa económica se ha hecho eco de un anuncio llevado a cabo ayer mismo por el Secretario de Estado de Medio Ambiente, Federico Ramos de Armas. El representante gubernamental manifestó que vería con buenos ojos la adopción de un nuevo impuesto que gravaría la matriculación de los vehículos con motor de gasoil dado su carácter más contaminante y, además, la revisión al alza del impuesto de circulación para este tipo de vehículos. De este modo y una vez más, la ecología se convierte en la excusa para volver a darnos un sablazo y buscar así dinero de forma desesperada para paliar la falta de ingresos por parte del Estado.

Unas medidas tan ineficaces como impopulares

Estas dos medidas, aparte de impopulares, llegarían en el peor de los momentos. Precisamente hoy, nos hemos desayunado conociendo que los combustibles acaban de batir por enésima vez su récord histórico en cuanto a precios, situándose  por encima de 1,4 euros la gasolina sin plomo de 95 octanos y cerca de ese precio (1,39 euros) el gasóleo de automoción. Por no hablar de los cerca de 1,6 euros al que se cotiza ya la gasolina de 98 octanos, pese a que el barril de crudo (actualmente a 125 dólares) está muy por debajo de los 147 dólares por barril que estuvo hace ya cuatro años.

Sin embargo, estamos convencidos de que aumentar aún más la fiscalidad de los carburantes será un profundo error pues, aunque parezca paradójico, pese a que los precios están más altos que nunca, la recaudación tributaria del Impuesto sobre Hidrocarburos ha caído más de un 10% con respecto al año anterior. La crisis y la bajada en la demanda han traído consigo que, pese a un mayor precio y una mayor fiscalidad, ahora se recaude mucho menos que antes.

El Gobierno estudia una nueva subida en el Impuesto sobre Hidrocarburos

Por lo tanto, dar una nueva vuelta de tuerca a los impuestos que gravan los carburantes, lejos de ser eficaz, aparte de impopular puede agravar aún más esta crisis y que la caída del consumo y la reactivación de la economía queden aún más lastradas de lo que ya están.

Y en esta misma línea se puede hablar de la instauración de ese nuevo impuesto de matriculación que penalizaría la compra de vehículos de motor diésel. En un mercado prácticamente congelado, donde las caídas en las ventas son generalizadas mes tras mes, no parece demasiado inteligente gravar aún más la compra de coches, especialmente los de motorización a gasoil en tanto en cuanto éstos  -mayoría en el mercado- suponen ya el 70% de los coches actualmente matriculados en España.

Y lo mismo podemos decir de la subida en el impuesto de matriculación que ya pagamos por nuestros coches. Un tributo de competencia municipal y que, tras la crisis, hemos visto crecer indefectiblemente cada mes hasta llegar a algunos límites francamente importantes en algunos Ayuntamientos como los de Madrid o Barcelona.

Esta medida no ha sido precisamente bien acogida por las patronales del sector de la Automoción. Un sector que, encima que venían clamando -en el desierto, visto lo visto- por una nueva cadena de ayudas estatales para la compra de coches, han considerado que un nuevo gravamen en el Impuesto de Matriculación sería el rejón de muerte para el sector.

Es más, en “petit comitée”, algunos destacados miembros del Ministerio de Hacienda han convenido en reconocer que esta medida apenas sí arañará unos pocos millones de euros (algo absolutamente intrascendente en comparación con el importe que se precisaría para llegar al objetivo de déficit previsto para 2012) Sin embargo, el daño que podría acarrear este nuevo impuesto -en términos de paro y de cierres empresariales- para sectores tan importantes como el de la Automoción sería prácticamente irreparable.

Por tanto, Rajoy se encuentra ahora en una auténtica encrucijada ya que, ante su promesa de no aumentar el IVA y no revisar nuevamente al alza el IRPF, algo que ya hizo nada más llegar al Gobierno en diciembre de 2010, apenas sí le queda ya margen de maniobra para recortar, de cara a cumplir sus compromisos ante las autoridades europeas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s