La cara oculta del Plan PIVE


El cada día más famoso Plan PIVE, el plan gubernamental de incentivos para la compra de vehículos eficientes que impulsó recientemente el  Ejecutivo español ha sido acogido con satisfacción y entusiasmo por los fabricantes. De hecho, no hay más que ver el bombardeo publicitario que están llevando a cabo muchas de sus marcas como Citroën y Nissan, para dar más lustre si cabe a los 2.000 euros que conlleva el citado Plan.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y detrás de estas interesantes medidas, que recordemos que consisten en una ayuda directa de 2.000 euros (1.000 a cuenta del erario público y otros 1.000 a cuenta de los fabricantes) , que por lo que cuentan los expertos en Economía y Fiscalidad, nos pueden suponer un pequeño o gran disgusto en nuestra declaración de la renta.

Al parecer, los 1.000 euros aportados de forma directa por el Gobierno suponen, a efectos fiscales, un incremento de patrimonio no derivada de una operación de transmisión y, por tanto, incluida en la Base Imponible y susceptible de carga impositiva, en función del tramo que toque a cada contribuyente.

Un ejemplo práctico: Las personas que ganen más de 300.000 euros y tributen al 52% en su declaración de la renta, esos 1.000 euros de ayuda le supondrían al contribuyente un coste de 520 euros, mientras que para rentas más habituales (que son las que tributan en torno al 25%) también tendrían que abonar unas cantidades próximas a los 250 euros.

Algo similar ocurrió cuando en 2009 el gobierno del PSOE lanzó el famoso Plan 2000Emuy similar en cuanto a estructura y funcionamiento al actual Plan PIVE y supuso que miles de contribuyentes tuvieran que rascarse nuevamente el bolsillo en su renta a cuenta de las ayudas gubernamentales.

Por tanto, mucho nos tememos que -como en aquella ocasión- al final la ayuda no lo sea tanto y sí, por el contrario, un  arma de doble fila para que Hacienda pueda obtener unos ingresos extra para alimentar unas arcas, las españolas,  cada día más vacías y necesitadas de dinero fresco.

Aun así, hay que reconocer que la operación es una jugada maestra ya que, al mismo tiempo que hincha las recaudaciones por IRPF, relanza un sector moribundo como el automovilístico.  Ello traerá consigo, si finalmente cuaja como esperan fabricantes y concesionarios, un aumento en las ventas de coches y, por tanto, un incremento en la recaudación por IVA, impuestos de matriculación y tasas municipales, como la del famoso “numerito” de los Ayuntamientos. De ahí que las peticiones de eximir de tributación que, como en 2010 hicieron asociaciones del sector como Faconauto, se hagan con la boca pequeña.

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