Recordando viejos tiempos


Hay un viejo aforismo que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor y lo cierto es que algo de eso se siente por un “viejo nostálgico” como lo soy yo acerca de lo que era la Fórmula 1 comparándola con la actual en la que juega un papel tan importante la tecnología (a veces muy por encima del propio piloto, como se demostró el año pasado con el campeonato obtenido por Jenson Button, sin ir más lejos).

Qué lejos quedan aquellas máquinas turboalimentadas, con motores salvajes de 800CV sin ayuda electrónica alguna y donde la figura del piloto estaba generalmente por encima de la máquina y donde las manos eran casi lo más importante y el volante, lejos de parecer como ahora un auténtico ordenador portátil, era sencillamente eso: un volante para dirigir de la mejor manera posible esos coches.

Cierto es que hubo un gran punto de inflexión para la Fórmula 1 y fue aquel infausto fin de semana en el circuito de San Marino, en mayo de 1994 cuando perdieron la vida en sendos accidentes el austríaco Roland Ratzenberger y el campeonísimo Ayrton Senna y Rubens Barrichello se salvó por muy poco en otra brutal colisión. Aquel fin de semana no sólo murió una leyenda de la Fórmula 1 como Ayrton Senna sino que la Fórmula 1 de entonces también murió y empezaron a asentarse los cimientos de lo que es la Fórmula 1 actual.

En ese sentido muchas veces me planteo qué habría sido de la Fórmula 1 si no hubieran muerto ambos pilotos ya que a raíz de entonces la preocupación por la seguridad llegó a ser enfermiza, cambiando de raíz el planteamiento de  toda la Fórmula 1, mediante el rediseño de circuitos antiguos (como los míticos Nurburgring o Spa-Francorchamps), la construcción de otros nuevos llenos de escapatorias y puzolanas así como se empezaron a desarrollar coches absolutamente revolucionarios y nuevos mecanismos de seguridad tanto activa como pasiva en coches y pilotos.

Está claro que lo más importante es la seguridad de los pilotos pero me da cierta nostalgia cuando buceo por la Red y me encuentro con duelos míticos como éste, entre Prost y el fallecido Senna, algo que con la estructura de los circuitos, en primer lugar (donde se  ha convertido casi en una heroicidad el hecho de adelantar) y de los propios coches (más seguros pero menos espectaculares) y pilotos (atenazados por tácticas y estrategias conservadoras que han descafeinado y mucho el espíritu de lo que siempre fue la Fórmula 1.

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